Luz robada

Luz robada.

Símbolo de vida, símbolo de amor y paz, sucesos que dejan inhóspito un turbio lugar.

Leyendas, leyendas y leyendas inventadas, ocurren por negligencias y mentes fantasiosas, pero cuando un hombre supera el límite de su propia conciencia deja de pertenecer a Dios y se aleja hasta de su propia alma.
Huerto, que miraba atentamente el sol y en la penumbra era vigilado por la mismísima luna.
Huerto inerte, sumido en su propia soledad, sumido en su lenta vejez.
¿Quién cruza el misterio de tierras infértiles? ¿Quién lo cruza?
¡Que exhalación a muerte transmitía aquel siniestro lugar!, que en plena oscuridad se asemejaba a infiernos alejados de la mano del hombre.
Noches robadas por silencios entre tierras fúnebres.
Sevilla nunca fue tan olvidada como aquellas duras y frías noches de inverno.
Cuando llueve, y la oscuridad moja con rocío arbustos y plantas, la tierra vuelve a recordar.

Alumnos vestidos de grises cielos y profesores nublados por su propia juventud, ya perdida hace demasiado tiempo.
Ciertamente, el olvido hace más débil el corazón, pero cuando el amor hace su flamante gala de presencia, su pureza y valentía inunda corazones vacíos, entonces, y solo entonces, el alma deja de olvidar, para recordar en mentes ancianas con tartamudeo.
Eso con grave dificultad hacían aquellas personas que daban su vida a la enseñanza y sosiego del aprendizaje.
El amor, el dolor…el tiempo poco frecuentado, ¿acaso el tiempo se puede frecuentar? Si se pudiera, muchos volverían a la pasión.
-Cuénteme una historia que sea dura de escuchar, como para mantener una buena opinión sobre usted. Pronunció un joven moreno, piel morena, manos morenas y tostadas por el sol.
Aquel profesor, dedicado a la profunda literatura y versos que ocupaban la mayor parte de su memoria, empezó a deleitar a aquellos jóvenes sentados en sillas, que atentos a la forma de sus labios, oían incluso el sonido del viento que describía.

Cuentan leyendas, salidas de mentes oscuras y negras que hace mucho, en edad de caballeros y lanzadores, ese huerto florecía como alegría de primavera.
Historias sobre amantes, traiciones, lúgubres hombres que cometían atrocidades que quedaban marcadas en la mente de los habitantes de Sevilla.
Más el amor, sin duda despreciado hasta ese momento, rozaba el alma de aquellos jóvenes de apenas quince años de vida.
El carpintero Neim, un joven fuerte y robusto, cuyos rizos de color negro azabache movían se cuando el viento soplaba. Tras esos ojos marrones como la madera que solía trabajar, había un mundo de momentos y sueños rotos.
Los perfiles de su cara coincidían con las más bellas criaturas que el destino podía admirar. Había sido arrastrado al trabajo por necesidad y obligación de su padre, hombre de avanzada edad que se había ganado la reputación del pueblo realizando trabajos de carpintería dignos de admiración.
Aunque el odiaba aquel trabajo, no podía ni dirigirse a su padre, siquiera mirarle a sus profundos ojos negros, por miedo y cobardía.

Helen, preciosa niña Sevillana, sus ojos, sacados de ángeles se marchitaban por lagrimas cada atardecer.
Lágrimas por soledad.
Piel suave, fina, blanca, seguramente copiada de alguna poesía perteneciente al cielo.
Infinitamente preciosa, su madre, muerta tras dar a luz, nunca podía haber predecido tal elegancia a aquella niña de catorce años de edad.
Perteneciente a una familia trabajadora y noble que aunque sin demasiado dinero había guardado un futuro perfecto para la joven, casada seguramente con algún príncipe que anulado por su belleza, habría olvidado de donde procedían aquellas manos.

Helen solía bajar las estrechas calles de Sevilla cada atardecer a recoger agua de la fuente de la ciudad. En aquel tiempo, más nombrada como pueblo.
Su ruta era mínima, lo máximo que recorría eran apenas dos calles que terminaban en aquella plaza, donde mujeres grotescas la envidiaban por su naturalidad y presencia.

El joven Neim, apenas salía, para que mentir, comentaba él, nunca tendré un amor a quien bendecir con mi trabajo.
Una tarde en pleno invierno, donde la lluvia cubría las calles encaladas de Sevilla se vio obligado a salir, a traer madera, puesto que la suya, había sido mojada por el destino y era inservible hasta que se secase.
¡Y allí estaba! Aquella joven sacada de cuentos de hadas recogía con gran rapidez el agua con la que alimentar a su padre. Su vestido mojado y sucio apenas quitaba elegancia a aquel ángel.
Neim sintió un fuerte dolor que oprimía su pecho, no acostumbrado a tanta belleza, su garganta fue cerrada con fuertes nudos, su cuerpo quedo inmóvil ante aquella presencia.
Mientras el cielo se oscurecía y la lluvia retorcía los tejados, aquellos seres, limpios de alma, vislumbraron los ojos que estaban buscando desde su niñez.

Ambos consumidos por el sueño del amanecer fueron directos a aquel huerto que daba esquina con la plaza.
Allí sin pronunciar ninguna palabra, sintieron como profundamente sus cuerpos se fundían en uno solo, donde mentes pensaban lo mismo, donde el sentido de la vida y su misma búsqueda, habían finalizado.
Lindas manos veía Neim tarde tras tarde, se ruborizaba y volvían a sentir como si el mundo desapareciese.

Helen fue tratada a bofetadas e insultos por su padre, tras enterarse por Sevilla entera, de que su hija no era más que una cualquiera de la calle.
Quizás los destinos se ven obligados a encontrarse, o quizás solo eran aquellos ojos que no podían olvidar.
Helen embarazada, escupida por su padre y olvidada por el pueblo, iba perdiendo la juventud y belleza que la caracterizaba.
Neim, que había ascendido como trabajador, fue culpado por su padre, que perdería su reputación día tras día en las calles de Sevilla.
El huerto fue poco a poco recubriéndose de malas hierbas y plantas rotas, que sin aquellos jóvenes había perdido el símbolo de vida.
Neim y Helen fueron obligados a ir al infierno, obligados a su propia muerte.
Ambos murieron decapitados una noche de otoño, donde hojas de árboles caían, y el viento reía.
Aún así, aquellos ojos no dejaban de mirarse, aun así recordaban la textura de aquellos días, donde la felicidad era lo menos importante en sus vidas, donde solo el amor precisaba la mayor ocupación en sus almas.
-Desde entonces, el huerto quedó maldito, y el verdadero amor es confundido bajo esas tierras inertes. Selló con sus labios el relato y sonrió aquel profesor.

Amor trágico conducido por el sendero equivocado, muertes inocentes por destino del cielo.
La belleza es celosa, es oscura como huecos donde no hay nada, donde siquiera la luna puede observar.
Años después un colegio se instaló donde perecía el huerto. Donde adolescentes buscaban los ojos del amor.

Leyenda1.

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5 pensamientos en “Luz robada

  1. ¡Anita! Enhorabuena por las leyendas!! las acabo de leer y de veras me han gustado mucho. Me encanta la forma en que están escritas,con esas expresiones tan profundas, ese vocabulario tan bien empleado, que te aseguro producen un agradable efecto al leerlo.
    Bueno Ana, tú sigue escribiendo porque lo haces “realmente” muy muy bien 🙂 y de nuevo FeliCidadEs!

    Javier Javier, vaya si escribe bien mi tocaya verdad? yo no sé tú,pero yo veo a una fututa escritora…o algo por el estilo..jeje… SaLUdOsS!!

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  2. jajajajaja que me sonrojas =)
    jajajaja muchas gracias por tu comentario…no todo el mundo se atreve a leer las leyendas enteras…¬¬
    Mil besos!
    (L)

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  3. Ya sabes que me gusta todo lo que escribes, asi que poco más puedo decir. ¬¬
    Que me encanta tu forma de escribir y la facilidad con que te fluyen las palabras cuando estas delante de un papel. 😀
    Asi que nada, a seguir escribiendo, y a ver si te tomas en serio lo de seguir escribiendo aquella historia que empezaste, no hagas como yo…
    ¡Besos!
    Te quiero millones ^^

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  4. Nanaa que me ha encantado el relato! k tu forma de escribir me recuerda a la de Yolanda y que las dos escribiis perfect! y como digas asi puedes llegar muy lejos! jeje xaoo

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