Reflexión 1

Ayer una chica de un grupo de 4º me habló de la misa de difunto en memoria de su abuelo, fallecido hace unos días. Me convocó a la función, y me lo dijo desde el cariño y con cercanía. Era su manera de agradecerme mi comprensión y empatía el día en que le comunicaron la desgraciada noticia; ese día estábamos de convivencia.

Este trabajo tiene estos momentos únicos, de una humanidad sin límites, que dan sentido y equilibrio a nuestra tarea. Pasamos tantas horas juntos, que sería un desprecio injustificable no atender estas sensibilidades de nuestros alumnos, tan permeables a cuanto sucede a su alrededor y tan indefensos para entender las cosas que ocurren. Sí, manejan como cracks la play, pero a veces naufragan cuando tienen qu entender lo que sienten. Y entonces, podemos ayudarlos.

Esta dimensión de la educación no está en ningún plan educativo; no hay informe Pisa que la mida; y no depende del signo político del gobierno que toque. No hay facultad que lo enseñe, ni máster que lo perfeccione. No depende del dinero que tengas ni de tu nivel cultural. O se tiene, o no se tiene. A veces puede buscarse, incluso aprenderse. Pero lo difícil es convencerse de que la educación emocional es uno de los grandes déficits de nuestra sociedad. Para confirmarlo, no hay más que ver el incremento de personas en los gabinetes de psicólogos, buscando alguien que oriente, escuche o consuele. Es una nueva drogodependencia. Igual que el café permite que nuestro cuerpo responda a las duras exigencias del día, la terapia psicológica nos ayuda a afrontar retos imposibles, tensiones personales, estreses por culpa de horarios infernales; y lo más difícil: nos ayuda a responder a las expectativas que los demás tienen sobre nosotros (imagen personal, perfil profesional, nivel de inglés o nivel de ingenio de los chistes).

Esta dimensión de la educación es lo más bonito de este trabajo.

Uf, me he agotado!

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